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Visitar el norte de Portugal desde el Puerto

Visite el norte de Portugal desde Oporto 

La región norte es el lugar donde nació Portugal – fue aquí donde el país se formó. Hoy en día es una zona repleta de ciudades impregnadas de historia que yace rodeada por un telón de fondo de impresionantes paisajes naturales. Es una región alimentada por una gastronomía superior y por el vino mundialmente famoso de Oporto.

Aquí, lo histórico se mezcla con lo contemporáneo en un matrimonio perfecto. Por cada uno de los distintos monumentos antiguos a conocer hay puntos de referencia arquitectónicos igual de intrigantes como la Casa da Música o el Museo de Serralves. Hay ciudades emblemáticas como Braga o Guimarães que tienen siglos de rica historia y cultura tras de sí.

Desde Oporto, hay muchas maneras de viajar al montañoso Parque Nacional situado en la región norte de Portugal y experimentarlo de primera mano. Esta ciudad patrimonio de la humanidad es el perfecto punto de partida para salir a descubrir lugares como Duero,  Minho y Trás-os-Montes; para conocer a sus gentes y para maravillarse con su arquitectura barroca hecha de granito y madera dorada.

Duero, patrimonio de la humanidad

La región del Duero se caracteriza por su paisaje único. Desde las fincas y bodegas donde se produce el mejor vino de la región, hasta sus pueblos históricos, es fácil ver por qué la Región Vitícola del Alto Duero (la primera en ser demarcada en todo el mundo) es considerada un lugar patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Las laderas escalonadas del Valle del Duero, donde se plantan las vides, dan la bienvenida a los visitantes a un lugar tan hermoso que es imposible no quedar impresionado. Aquí hay varias fincas centenarias dedicadas exclusivamente a la producción de vino. Puede hacer una cata de vino o dejarse tentar por la gastronomía local. Elija entre salchichas picantes tradicionales, quesos de vaca y oveja o el Bôla de Lamego – un favorito local. Otras exquisiteces locales incluyen el guiso de Eirós, el cordero asado o el cocido a la portuguesa. Quienes gusten de comer dulces no pueden dejar de probar los pasteles de Santa Clara o la gran variedad de dulces de convento (dulces tradicionales hechos por las monjas del lugar) que ofrece la región. Si visita Duero entre septiembre y octubre, durante el tiempo de cosecha, puede ser testigo de todas las tradiciones que han pasado de generación a generación en una región rica en cultura.

Las ciudades históricas del Minho

Braga es una ciudad del Minho conocida por su vibrante historia y su fuerte caracter religioso. Su importancia en la historia data del siglo segundo A.C. durante la ocupación romana. Fue en el siglo tercero cuando se creó la Archidiócesis de Braga. Esta poderosa ciudad tuvo jurisdicción sobre el territorio diocesano de toda la región y fue capaz de mantener su baluarte hasta tal punto que hoy en día es conocida como la ciudad más religiosa de Portugal. Sus principales atracciones turísticas son el centro histórico y la catedral. Sin embargo, Braga es también una ciudad cosmopolita y joven, gracias a su universidad. Al llegar a la ciudad, asegúrese de visitar sus dos santuarios, Bom Jesus y Sameiro. Tras explorar sus calles y callejuelas puede almorzar en el centro histórico. Pruebe el Bacalao a la Braga (famoso en esta zona) o el cordero asado y termine su comida con un pudin Abade de Priscos.

El viaje de Braga a Guimarães sólo tiene 25 kilómetros. En esta ciudad, considerada como el lugar de nacimiento de Portugal y conocida por ser la Capital Europea de la Cultura, empiece explorando el centro histórico, clasificado como lugar patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO en 2001.

La ciudad de Guimarães combina armoniosamente la herencia medieval de su pasado con sus avenidas barrocas y vecindarios modernos. En el centro histórico encontrará el Castillo de Guimarães y el Palacio del duque de Braganza, los cuales debería considerar como puntos de visita por su belleza y esplendor. La iglesia de San Miguel, del siglo 12, es otro lugar de obligada visita, ya que fue allí donde Don Alfonso Henriques, el primer rey de Portugal, fue bautizado. El Santuario de Nuestra Señora de la Peña también es una visita que vale la pena, y desde la parte superior de la Sierra de Santa Catarina, las vistas de Guimarães son impresionantes. A su regreso al centro de la ciudad disfrute de un almuerzo o cena en uno de los restaurantes de la Plaza de Nuestra Señora de Oliveira, donde podrá encontrar la iglesia del mismo nombre y el Estandarte de Salado, construido para celebrar la victoria en la Batalla de Salado en 1340. Pruebe los tradicionales rojões del Minho y termine su comida con una rodaja de dulce tocino de cielo. Asegúrese de acompañar su comida con un burbujeante vino blanco de la región. Viana do Castelo es otra gran ciudad que sin duda vale la pena visitar. Desde la Avenida de los Combatientes de la Gran Guerra (una de las principales vías de comunicación de la ciudad) explore las calles estrechas del centro histórico. Como destino final, asegúrese de no perderse el Santuario del Monte Santa Luzia, cuya basílica fue terminada en 1943, pues se trata de un monumento con unas vistas que le dejarán asombrado.

Parque Nacional de Gerês

Este parque nacional es sin duda una de la maravillas de Portugal. Se trata de un verdadero santuario natural donde los tonos verdes que componen el paisaje sólo se ven interrumpidos por las cascadas, los ríos y los animales en su hábitat natural. Con una extensión de más de 70.000 hectáreas, éste es el único parque nacional de Portugal y está situado en la frontera entre Minho y Galicia. En Gerês también hay más de 500 lugares de interés histórico y arqueológico, como los restos de la calzada romana que une Braga con Astorga, más conocida como Geira.

Trás-os-Montes

Si sale lo bastante pronto por la mañana podrá llegar a Chaves desde Oporto a media mañana. La ciudad es célebre por sus famosas aguas termales calientes y por su parque. El centro histórico de la ciudad y el paseo situado frente al río Támega son lugares acogedores en los que pasear.

Visite el Castillo de Montalegre, donde podrá encontrar el museo militar y disfrutar de las mejores vistas de la ciudad. Dentro de los muros están las Vías Augustas, un conjunto de calles estrechas alineadas con casas pintadas en un surtido de colores vivos. El Puente Romano sobre Támega es otra de las principales atracciones de la ciudad. Su visita a Trás-os-Montes sólo estará completa cuando haya probado algunos de los platos tradicionales de la ciudad como los pasteles de Chaves, el folar de carne (un pan relleno de carne de cerdo) o el cerdo de Bísaro.

A dos horas de distancia de Trás-os-Montes está Braganza, una ciudad que cautiva a sus visitantes con su centro de estilo medieval, sus calles de piedra y su ambiente antiguo.

En la ciudadela de Braganza, visite el impresionante torreón del castillo, la picota de piedra que descansa precariamente sobre un berraco lusitano (un cerdo de granito prehistórico) y la exclusiva arquitectura del Domus Municipalis. También vale la pena ver el Castillo de Braganza (que data del siglo 12) y la Iglesia de San Vicente, donde según la leyenda nuestro entonces futuro rey Don Pedro I se casó con Inés de Castro en contra de los deseos de su padre.

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